Tanto tiempo esperando y no me había dado cuenta hasta ahora de que tú nunca habías esperado por mí. Que las horas muertas, muertas se quedan. Y mientras, la vida no se para a esperarme y las oportunidades de ahí afuera vuelan. Tú eres de esas personas que consiguen lo que necesitan, lo que buscan, lo que les quita el sueño por las noches... Lo tienes al alcance de tu mano y, de repente, ya no quieres algo así. Juguemos a complicarnos un poco la vida, a buscar algo más de lo que tenemos. Venga, saltémonos todas las reglas, cambiemos un poco nuestros principios. Aparquemos por un rato las dudas, olvidemos las decisiones que aún quedan por tomar y paremos el viaje de este tren, que yo me quiero bajar.
Piensa en ello durante el tiempo que yo necesite para cerrar esa herida que se ha instalado en mi corazón, hasta que los recuerdos me dejen de doler y, luego, olvídame. No me esperes, no pienses en mí. Prefiero recordarte como una estrella fugaz: un momento de luz efímera que, en un instante, se fue. Pero, sin embargo, cada poco reapareces. ¿Qué es lo que quieres? A veces pienso que te gusta manejar mi vida, que te dedicas oficialmente a algo así como jugar con sentimientos ajenos para remover las viejas heridas de los que te perdonamos y, a pesar de todo, aún te seguimos.
Estoy cansada. Y es que ambos sabemos que, por mucho tiempo que pase, cada vez que me llames voy a arrastrarme hacia ti como un perrito faldero. Pero, por una vez, quiero tener la sensación de que me llamas porque me necesitas... y no porque te haya dado otro de tus caprichos.

Cansancio crónico provocado por un desgaste eterno...
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