Soy una de esas personas que viven tristes. Incluso he llegado a pensar en alguna ocasión que yo, que nací una mañana cualquiera de algún mes de cierto año, nací triste. Siempre he pensado que el hecho de la primera bofetada y del primer llanto de un bebé recién nacido no son simples casualidades, sino pequeñas muestras de los golpes que nos deparará la vida en el futuro. Pienso que de alguna manera un desconocido se encarga de darnos esa palmadita que nos hace romper a llorar para avisarnos de lo que nos espera, como si nos quisiera dar una especie de bienvenida a un mundo para nada acogedor.
Y es que hay muchas circunstancias que me hacen daño, pero incluso cuando se pudiera decir que tengo todos los motivos para sentirme bien, incluso en esos momentos (si es que los hay), yo tengo el alma triste. Por esta razón tengo que trabajar en mi vida, dedicarle mucho tiempo e inyectarme dosis diarias de alegría, porque desde que tengo uso de razón vivo cerca de Tristeza, o ella cerca de mí. Cuando estoy sola puedo verla de frente. Es como si Tristeza y Soledad se dieran de la mano. Sin embargo, hago todo lo posible porque se alejen. Pero Tristeza, que no me quiere dejar en ningún momento, intenta adueñarse de mí. Creo que es porque ella confía en mí. A veces me pregunto por qué lleva al lado de mí tantos años. No lo sé, pero también me pregunto si tiene importancia saberlo.
Hasta cuando escribo, en algunas ocasiones, Tristeza se mete en mi cabeza y no puedo evitar que aparezca sin que lo note. Es por eso que siento de esta incesante e inquietante manera la necesidad de cojer papel y lápiz, supongo que porque me encanta esa sensación que tengo al escribir: se me llena el corazón. Quizás sea porque finjo ser lo que no soy, porque invento una historia, porque vivo de cerca un cuento y porque así parece que es mi vida. Pero cuando el fin de la historia llega, si volteo la mirada Tristeza está junto a mí. No puedes tocarla, simplemente la sientes. Hay un vacío que no puedes llenar con nada. Es un vacío del alma. De hecho, ahora está frente a mí.
En ocasiones le suplico que me deje, le digo que ya es tiempo de que se entretenga en otra vida, en otra persona, no en mí, que se vaya. Ayer le pedí que hiciera sus maletas. Sé que tiene que irse algún día. Pero lo único que conseguí es tener que ver sus maletas vacías a un lado de la puerta, tan desafiantes. Sin embargo, estoy segura de que algún día se irá de mi lado, me abandonará, y entonces yo dejaré de ver esas inquietantes maletas, y Tristeza ya no estará conmigo.
Y es por Tristeza que soy una persona con sueños, con esperanzas, con ilusiones, con una vida y una familia. Quizás con más de lo que muchas personas desean, pero también con demasiadas cosas que yo no desearía a nadie. También soy una persona con el alma triste. De hecho, nací triste.

¡Hola!
ResponderEliminarEsta es la primera vez que te escrito, espero que no sea la última. Me llaman Kinoax, tú también puedes hacerlo en caso de que te apetezca.
No sé cómo he llegado hasta tu blog, pero me ha llamado mucho la antención esta entrada. No tengo muy claro si sólo es literatura o realmente son tus sentimientos. O quizá ambas cosas. El caso es que realmente me he identificado con ella, pues hasta hace realmente poco me sentía así. Llevaba la vida entera sintiéndome así, vacía, rozando la tristeza eterna; y sólo sienténdome... no voy a decir realizada... menos vacía, al escribir.
Llegué a pensar que esa sensación con la que vivía era parte de inseparable de mí y hubo un momento que me resigné. Uno aprende a convivir con ella, y, ¿por qué negarlo? A veces puede llegar a ser tu mejor amiga.
Tú, amiga, que eres 'una persona con sueños, con esperanzas, con ilusiones, con una vida y una familia', deberías imponerte a la tristeza. Persigue tus sueños, mantén vivas tus esperanzas, realiza tus ilusiones. La tristeza se irá suave y silenciosa, sin tú ni siquiera notarlo. Cuida de tus amigos y de tu familia y déjate cuidar, y sanarás tu alma, llenándo así tu corazón. Y sobretodo: trata a la tristeza como una amiga más. No sabes nunca cuando vas a volver a necesitarla.
¡Te deseo lo mejor! En serio.
No dejes que Tristeza se apodere de tu alma. La sonrisa es la mejor manera de combatirla.